jueves, 25 de abril de 2013

Enfermedad y cura



Enfermedad y cura
Hijos, toda enfermedad tiene su origen en las imperfecciones del espíritu, que refleja sobre las células que le constituyen el cuerpo material los desajustes de la consciencia. La enfermedad, cuando se exterioriza, se revela y pide tratamiento.
Infelizmente, así y todo, el hombre ha ofrecido a sus males físicos, que son, en esencia, males espirituales, remedios que actúan periféricamente, o sea, que no actúan en el fondo de la cuestión.
Los disturbios psicológicos del ser, fruto de su estado de desarmonía con la Ley, provocándole sensaciones de sufrimiento orgánico, tornan evidentes las necesidades que se le radican en el alma.
Lo que es subjetivo se hace concreto para que se le corrija las distorsiones.
Aunque se realizase y realice curas en el cuerpo perecedero, sujeto a las incesantes transformaciones de la materia, Jesús se corporifico en el mundo para emprender la cura de las almas, que no se realizo sin el concurso de los enfermos que lo deseaban.
La falta de perdón, el odio, la rebeldía, de desconfianza, el resentimiento y toda la variada gama de sentimientos corrompidos engendran causas profundas en los dolores que la Medicina estudia y cataloga, sin, y ni así, darles combate eficaz.
Hijos, la armonización de vuestro mundo intimo vitaliza las células en desgaste y suprime las consecuencias más drásticas del karma, a expresarse tantas veces en las patologías que os limitan la acción. Inclinaos por una conducta cristiana y, aunque más tarde no os evitéis de encarar la muerte, conviviréis con el dolor sin los agravantes del desespero.
La longevidad que el hombre pretende en el cuerpo material será una conquista del espíritu y no meramente de la Ciencia en el campo de las prevenciones.
Elevad vuestro patrón mental y educad vuestros sentimientos, atrayendo para vosotros las fuerzas positivas de la Creación, como quien sabe escoger para sí el aire que respira.
No olvidéis que, básicamente, toda cura depende del movimiento de la voluntad del propio enfermo, sin cuya cooperación determinante no ocurrirá.
Bezerra de Menezes
Extraído del libro "A coragen de Fé"
Carlos A. Baccelli
Traducido por Jacob